¿Cómo reacciona el cerebro a lo fácil?
Esencialmente los seres humanos somos criaturas que nos
enfocamos en el corto plazo.
Sin embargo, el funcionamiento del cerebro es algo más
complejo. Por un lado, los lóbulos frontales constituyen la parte “ejecutiva”
del cerebro que se concentra en analizar el riesgo y el potencial
beneficio de corto plazo de cada acción en función de las experiencias
recientes. Por otro lado, la parte externa del cerebro es la región que se
dedica a fijar los límites de nuestros actos. Esta es la parte que nos permite
tener autocontrol. Es decir, el cableado interno del cerebro, si bien
tiene un componente altamente institntivo, también busca encontrar un balance
entre el placer potencial con el riesgo de pérdida. A esta relación se le
conoce como de riesgo - recompensa.
El cálculo del riesgo esté dominado por la ganancia o placer
de corto plazo antes que por el riesgo de pérdida.
Los seres humanos nos hemos vuelto adictos a las soluciones
rápidas, ya, las acciones sin esfuerzos.
Es decir, un período tan prolongado de exposición
ininterrumpida generó un ánimo de
complacencia entre los consumidores que hizo que la pasión prevalezca sobre la
razón y que motivó que los consumidores pongan en piloto automático sus
patrones de consumo.
Lo fácil alimenta nuestra necesidad de recompensa inmediata,
distorsiona los mecanismos de autoregulación de las personas y propensa un
comportamiento de mayor riesgo. Es decir, burla al sistema de análisis de
riesgo - recompensa del cerebro.
El carácter de una persona no está escrito en su ADN sino que
se va formando a lo largo de su vida en función de cómo se conduce. Idealmente,
un hombre debe convertirse en su propio crítico, capaz de analizar sus propios
pensamientos y acciones. Sin embargo, esta habilidad no se crea de forma
aislada sino a través de la interacción con los demás. Por eso es tan
importante que las sociedades discutan de forma franca el tipo de sociedad.

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