Qué bonito es poder hablar con personas que escuchan de verdad, sin interrumpir, sin imponer sus opiniones. Siempre compartiendo e intercambiando información. A eso nos referimos con conversaciones profundas, de las que curan todas las heridas del corazón.
En la actualidad, todos parecemos tener algo que querer decir. Sin embargo, pocos son los que se paran a escuchar al otro. Asimismo, nos preocupamos por cosas sin importancia, o le damos demasiada prioridad al trabajo. Esto hace que no tengamos tiempo para sentarnos y mantener una conversación sólida.
Las conversaciones profundas no pueden perderse
Cada uno vemos la vida desde nuestro punto de vista. Eso es lo que hace bonito la diversidad en el mundo. No obstante, muchas personas se sumergen tanto en sus vidas o dentro de sí mismos, que no se dan la oportunidad de poder vivir de verdad. De experimentar cada color, cada sabor, esa esencia que tiene cada opinión de quien nos rodea.
Todos estamos demasiado enfocados en ganar seguidores en las redes sociales y que estos den a “Me gusta”. Sin embargo, pocas personas nos quedan en las que poder confiar. Siempre debemos pensar que todo lo superficial se puede destruir, recordando que aquello que guardamos en el corazón nunca se va. Priorizamos el placer propio alejándonos de los demás.
Debemos aprender a compartir
Compartir es algo mágico. Cuando lo hacemos, nuestro propio cerebro agradece escuchando e intercambiando ideas con otros. En los tiempos que corren parece que esto se ha dejado abandonado y todos buscamos llevar la razón a toda costa.
Sin embargo, es precisamente eso, compartir, lo que hará que mantengamos relaciones sanas, duraderas, más saludables, más energía y, por supuesto, que vivamos más años de juventud. Es mucho mejor reír junto a un buen amigo que disfrutar de echarnos en la cara una crema demasiado costosa.
Las redes sociales deberían acercarnos más a las personas, pero consiguen justo lo contrario. Desde su aparición, cada vez nos encerramos más en nosotros mismos. La tolerancia que tenemos disminuye con el paso del tiempo. Ya no nos reímos como antes de nuestros errores. Y esto no está perjudicando.
Date una oportunidad
Debes ser parte de la resistencia. Atrévete a compartir, a mantener una conversación profunda con una persona, pero no por chat, sino a la cara. Siéntate a tomarte un café y habla con alguien hasta el amanecer. Es cierto que todos tenemos una vida complicada, con muchas ocupaciones. Sin embargo, si de verdad lo deseas, seguro que puedes sacar ese rato para hacerlo que tanta falta te hace.
La vida es demasiado corta como para desperdiciarla. Somos menos de un segundo si comparamos los años que la Tierra lleva existiendo. No importa si incluso vivimos más de cien años. Lo mejor es quedarse con lo que no tiene precio: la amistad, el amor, el cariño, siempre que sean sinceros. Comparte y vive experiencias únicas.
Por encima de todo, debemos valorar a los buenos amigos. Debemos saber escuchar y regalar nuestro tiempo a aquellos que lo merecen. Vamos a practicar más la empatía y descubrirás cómo, en poco tiempo, volverá nuestra risa.

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