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CENTRO INTEGRATIVO: Modelo GRANDSON (A.D)®

domingo, 18 de marzo de 2018

NEURO MARKETING CON REPROGRAMACIÓN AEMI


QUÉ ES REALMENTE UNA INDUCCIÓN NEURO REPROGRAMADORA CONVERSACIONAL SUGERENCIAL. 

Conseguir que alguien imagine lo que deseamos con mayor o menor intensidad. 

Cuanto más y mejor ocurra esa imaginación en su cabeza, más deseo se genera. 

Piense en algo que quiere, imagínese con la persona que le gustaría conseguir. 

Déjese llevar un momento, profundice en la experiencia un minuto, sueñe despierto y céntrese en los detalles. 

Visualice en su cabeza cualquier cosa que ansíe conseguir y su deseo por ella aumentará. 

Cuando anticipa una imagen del resultado en su cabeza, está cambiando su estado actual y ya sabemos lo importante que es el estado actual le hará conseguir. 

¿Cómo conseguir que se imaginen inevitablemente los resultados que desean y despertar así las emociones positivas y el deseo? 
LA ORDEN DIRECTA 

Sencilla y sin rodeos, discurso directo: «Imagine cómo…», «Imagine lo que sería…», etc. 

Después de ese «imagine…» se describen los resultados ideales. 

También puede usar «Piense…» o algún sinónimo, aunque imagine insta a crear imágenes mentales, que es lo que más nos interesa. 

Imagínese trabajando desde la playa, imagínese por fin con la persona que quiere, imagínese en ese ascenso conseguido, echado hacia atrás en la silla y con una sonrisa de satisfacción en el rostro, tómese unos segundos e imagine por fin conseguir ese resultado que anhela. 

Uno de los fenómenos más curiosos es que no podemos abstraernos de pensar en aquello a lo que dirigimos atención (importante detalle el de la atención, como veremos). 

Podemos tener una imaginación más o menos visual, pero incluso cuando nos dicen que no pensemos en un oso blanco, la imagen (o al menos el concepto) del oso blanco cruza por la imaginación aunque sea fugazmente. Así funcionamos, no podemos evitarlo. 

Ahora bien, he aquí la otra clave, esta orden directa funciona porque ante órdenes tan poco comprometedoras e inofensivas como la de imaginar, no oponemos especial resistencia, con lo que de manera natural lo hacemos y no podemos evitar pensar, en mayor o menor medida, en lo que nos pidan. 
LA PREGUNTA 

Esta vez, en vez de ordenar directamente que se imaginen X o Y, se hace que el participante potencial dibuje su imagen ideal con la pregunta: 

« ¿Cómo sería si…?» (Y después del si se pone el resultado ideal que desea el participante, y que si somos unos emprendedores mínimamente interesados en lo que hacemos, tenemos que conocer incluso mejor que él). 

« ¿Cómo sería para usted tener por fin ese cuerpo ideal?» o « ¿Cómo sería la tranquilidad de saber que está pagando lo mínimo a Hacienda y que no lo van a molestar jamás?» 

Como antes, una de las claves es que, de nuevo, esta es una petición inofensiva, con lo que la resistencia a acceder a responder es baja por parte de un participante. 

De manera natural, las personas tenemos una tendencia innata a contestar a las preguntas, ya sea mentalmente en nuestra cabeza o en persona. Por eso, la mejor manera de dirigir la atención de alguien o encarrilar una conversación suele ser a través de dejar caer una pregunta, ya que se activa esa necesidad de cerrar el bucle creado con la pregunta y dar respuesta. 

Los verdaderos expertos en usar preguntas buscan un doble objetivo. 

Normalmente el primero es el ya visto de que se imaginen en su cabeza el resultado y por tanto dirigir su atención, a fin de aumentar el deseo. 

El segundo es que, si están en una interacción personal, poder recibir feedback de cómo es el retrato ideal que el cliente se dibuja en su cabeza, para luego usar esos mismos elementos que comente en su propio discurso, si es posible incluso con sus propias palabras. 

Si uno está intentando vender un ordenador y tras la pregunta descubre que su cliente quiere poder acabar las tareas en la mitad de tiempo, o ver cómo Juanito, el que le gana siempre en los juegos en red, se pone violeta por caer derrotado, el vendedor experto tomará buena nota de las respuestas para ver qué es importante para el otro. 

Más tarde sacará a colación que ese ordenador es la llave para que a las 5 de la tarde ya pueda estar tomando algo en una terracita o que es el arma para que Juanito caiga de rodillas rojo de ira, llevando la atención sobre lo que el vendedor ha descubierto que es más importante para el cliente y, en la medida de lo posible, usando sus propias palabras, que son las más poderosas para convencer. 

Estas son dos de las formas sencillas de crear ese leve trance (que no es más que imaginar o ensoñar la escena ideal) y así despertar el deseo. 
DE QUÉ DEPENDE LA EFECTIVIDAD 

La efectividad despertando deseo imaginado depende de la atención y la conexión que tengamos en el momento con aquel al que nos dirigimos. 

Un coach Activador se pasa un buen rato previo conectando, es decir, relajando al participante, bajando sus barreras de defensa y capturando así su atención para que sus palabras sean lo único a lo que haga caso. 

En ese estado, aquello que le induce y le hace imaginar tiene algún efecto más tangible y duradero, dependiendo de lo bueno que ha sido consiguiendo la conexión previa. 

Pero nosotros no podemos acostarle en un diván, pedirle que cierre los ojos y piense en una playa tranquila, y tampoco nos hace falta. Con suficiente afinidad y conexión obtendremos esa bajada de barreras, esa confianza y atención que hará que las técnicas sean efectivas. 

Recuerde cuando estaba inmerso en una interesante conversación con un amigo, o cuando tenía un momento de conexión real con alguien a quien apreciaba. En esos momentos todo lo que se dice tiene un enorme efecto, las palabras dichas se recuerdan para siempre y los efectos en lo que hagamos de cara al futuro pueden ser demoledores. 

Cuando nosotros estemos en conversación con un cliente tenemos que conseguir la conexión y la atención, si no la tenemos no sólo estas técnicas no funcionará, sino que nada de lo que intentemos para la venta tampoco lo hará. 
CÓMO CONECTAR CON ALGUIEN 

¿Y cómo captar la atención del participante? Lo más sencillo es hablando de lo que le interesa (ÉL, SU problema concreto y cómo resolverlo). 

Obviamente esta técnica no es mágica y requiere práctica, yo no soy un experto en el tema aunque empleo un poquito cuando es adecuado. Por otra parte he visto algunos que sí son maestros, y que una vez han introducido la técnica la extienden recreándose en que imagine con detalle, en que le cuente más de lo que ve y en que profundice en eso que imagina para ir aumentando los niveles de deseo (cuanto más detallado, más deseo). 

Si no se ha usado nunca es difícil que las primeras veces lo hagamos bien, introducir la pregunta o la orden de manera suave, bien encajada con el resto de la interacción, es una cuestión de práctica y tacto. 

Al principio resultará un poco patoso, y es normal, pero al siguiente par de veces ya lo haremos mejor, y estas técnicas pueden ser muy útiles, se lo aseguro personalmente.



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