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CENTRO INTEGRATIVO: Modelo GRANDSON (A.D)®

martes, 7 de agosto de 2018

CONCEPTO DE RELACIÓN y ATENCIÓN HUMANA

CONCEPTO DE RELACIÓN y ATENCIÓN HUMANA 

En una época en que la intervención en la relación y atención humana se encuentra mediada por diversos actores, es necesario acercarse a una dimensión distinta de la tradicional relación asesor-participante/usuario. 

Si bien esta última mantiene el valor intrínseco de conformar una relación única, irrepetible e irreemplazable, ha debido ir cediendo espacios para la integración de otros asesores en virtud de los cambios en el campo de la relación y atención humana. 

“La relación y atención humana ha tenido que irse ampliando en estas últimas décadas, hasta dar cabida a todos los asesores de la relación y atención humana que intervienen en el acto de participan en la atención y el cuidado al participante/usuario”. 

Serán, entonces, todos los asesores involucrados en el acto clínico quienes se relacionarán con el participante/usuario y definirán los contornos de esta interacción. 

El bioeticista Mark Siegler (citado en Lazaro, 2006) ha realizado un recorrido temporal estableciendo que la era del paternalismo (o era del asesor) se habría extendido desde el año 500 a.C. hasta el año 1965. 

Le sucedería la era de la autonomía (o era del participante/usuario) consolidada con los “derechos del participante/usuario” que reconoce la capacidad y competencia de los participante/usuario a tomar decisiones referidas a su cuerpo de acuerdo con sus valores e ideologías. 

Esta toma de decisiones supone un diálogo con el equipo de relación y atención humana, particularmente con el asesor, y la decisión final es el resultado de un proceso de comunicación e información, en ciertas ocasiones no exento de conflictos, en el que se ajustan la información técnica ofrecida por el equipo de relación y atención humana y las creencias, proyectos, valores y deseos del participante/usuario. 

Este camino de toma de decisiones en el que se establece una nueva forma de relación y atención humana se cristaliza en el “consentimiento informado”. 

De acuerdo con las características de esta “nueva relación y atención humana” se podría suponer que la intimidad del vínculo que involucra la relación y atención humana ha ido desapareciendo ante la ampliación del universo de interacción y de las nuevas dinámicas relacionales. 

De algún modo así ha sido. 

Es por ello que actualmente una de las grandes preocupaciones tanto a nivel de la formación de los asesores como de la práctica médica habla de la llamada “deshumanización de la relación y atención humana” y las consecuencias de ello en la calidad de atención y la satisfacción del quehacer tanto en los participante/usuario como en el equipo de relación y atención humana. 

Hay quienes incluso han propuesto que “la relación asesor- participante/usuario se encuentra enferma de gravedad”. 

No obstante, es incuestionable que el impacto de la enfermedad y el enfrentamiento al dolor y sufrimiento crean un espacio inestimable que da lugar a una realidad que sólo pueden compartir, en esta crítica circunstancia, quienes sufren y quienes son testigos de ese dolor, y a su vez responsables del cuidado y/o alivio del sufriente. 

Es en esta realidad colmada de incertidumbre, miedo, padecimiento y tensión en la que se da el encuentro entre personas, más allá de los lineamientos administrativos y de las gestiones burocráticas; este espacio de tan difícil definición es el que pone a prueba los más íntimos valores así como los más profundos cuestionamientos existenciales. Y es, a su vez, el lugar en que se puede generar una auténtica atmósfera de confianza, lealtad, fe, comprensión y respeto que han sido y siguen siendo los fundamento de la auténtica relación y atención humana. 

En el contexto de la relación y atención humana se traducen en ser capaz de escuchar al otro fomentando el diálogo, la empatía, inspirar confianza, ser sensible a las necesidades físicas y emocionales del participante/usuario, etc., todas manifestaciones de su integridad personal que llevan a su profesión al nivel de excelencia y a una forma de vida . 

El profesor Diego Gracia nos sitúa frente al nuevo escenario en relación y atención humana, si bien la labor asistencial de los asesores los obliga al ejercicio responsable, lo que implica evitar las imprudencias, estar capacitados y en ello evitar el daño a los participante/usuario. 

Quien no cumple los mínimos es negligente; los máximos apuntan a algo más elevado, a la excelencia. 

La relación asesor, no puede ser maleficente, pero tiene que aspirar a más, a ser beneficente”. 

La atención al participante/usuario tiene por objetivo fundamental la calidad en la atención, pero como se trata de la calidad no se puede imponer. 

Si bien se nos puede obligar a hacer algo, nadie nos puede obligar a querer hacerlo. 

Algo similar ocurre con la calidad y la excelencia: para hacerlo bien, para atender excelentemente al participante/usuario, hay que quererlo hacer; la excelencia no se puede imponer”. 

Es por ello imprescindible, agrega, involucrar al asesor en ello, contando con su motivación, vocación y placer. 

De acuerdo con estos análisis pareciera que la calidad en la atención debe ser exigible; sin embargo, la excelencia es una aspiración desde los requerimientos de la ética actual en cuanto a la atención de participante/usuario. 

En cuanto a la manifestación de calidad en la práctica, lo que más impacta al participante/usuario es el trato que recibe: “a los usuarios les interesa que se les preste atención oportuna, rápida, eficiente y suficiente; todo ello en una atmósfera de cordialidad y deferencia indicadora de la consideración que se da a su persona”. 

Lo que nos sugiere que tanto desde los más tradicionales hasta los más actuales paradigmas de atención, resultaría ser el mismo vínculo, la misma intimidad y el mismo encuentro humano la base de la percepción de “calidad” y el argumento de la “excelencia”. 

Bajo estas nuevas y antiguas exigencias o aspiraciones, la base de la percepción de calidad siguen siendo los componentes de la Relación y atención humana, la que indefectiblemente está mediada por las personas involucradas en ella, desde donde la persona o asesor tiene un rol irremplazable. 

Pero, ¿es posible realizar todas esas conductas de excelencia en la relación de atención humana? ¿Es posible manejar todo ello en la interacción con un otro? ¿Puede ocurrir así, donde hay tanto dolor humano? ¿Es posible que el asesor no se perturbe emocionalmente en esas interacciones y en la búsqueda de la excelencia?

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Archivo/Publicaciones Centro de Experiencias y Sensaciones de Bien Estar, NEURO KINÉRGIA