EL AUTOCUIDADO y la RESPONSABILIDAD
La concepción actual del Autocuidado nos llama a tomar conciencia acerca de la responsabilidad de la dirección de nuestras acciones, así como de las consecuencias derivadas de ellas.
Como agentes de (auto) cuidado directo e indirecto de las personas, se ven especialmente llamados a procurar no sólo la prevención de daño sino también disminuir anticipadamente los riegos.
El participante/usuario espera del asesor su experticia técnica, pero además su disposición humana.
En tanto el asesor, en su deseo de satisfacer esta demanda, puede verse sobre exigido emocionalmente frente al dolor y las expectativas de su participante/usuario, exponiéndolo al riesgo de desarrollar importantes niveles de estrés y desgaste asociado a esta demanda de ayuda, lo que atentaría directamente contra la posibilidad de procurar una relación de calidad.
En esta línea se ha descrito el Autocuidado como una alternativa eficaz ante la prevención del desgaste emocional asociado a la labor trabajar y atender a otras personas, acción que iría en beneficio de la responsabilidad de ofrecer una atención de excelencia tanto en lo técnico como en lo humano.
CONTEXTO
Los cambios acontecidos en el área de la relación y atención humana, durante los últimos años nos indican que si bien se han alcanzado avances impensados en cuanto a tecnologías y saber científico, este crecimiento ha atentado en contra de la relación entre el asesor y su participante/usuario.
El aumento de la tecnología, la institucionalización de los cuidados en relación y atención humana, la alta demanda y presión asistencial así como la permanente exigencia de actualización técnica, ponen al asesor de la relación y atención humana, en una situación de alta tensión en su labor.
En este contexto es posible percibir la frustración que generan tanto en los asesores como en sus participante/usuario las dificultades para establecer una relación cercana y confiable, “nunca en la historia se ha ofrecido una tecnología más eficiente y nunca ha habido tanta frustración y desconfianza”.
Si bien la persona del participante/usuario ha ido adquiriendo cada vez más protagonismo y voz en la relación y atención humana, se hace imprescindible, por lo tanto, enfocarse también en quien ofrece el servicio, la persona del asesor, sus necesidades o dificultades en este nuevo entorno, muchas veces adverso.
“La relación de ayuda desgasta, y si no se sabe manejar muy bien, hace que los cuidadores tengan que abandonar su rol activo y convertirse en sujetos pasivos, necesitados ellos también de cuidados”.

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