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CENTRO INTEGRATIVO: Modelo GRANDSON (A.D)®

sábado, 16 de mayo de 2020

Salud y Bienestar la dicha de vivir bien





Comer es uno de los placeres de la vida, pero no solo es comer sino la forma como comemos y todo lo que sucede alrededor de la preparación de los alimentos; que incluye: como se cultiva, su traslado, el escoger los ingredientes para cocinar, la organización del lugar donde cocinamos, el desarrollo de los sentidos, la preparación de los alimentos y por último el degustar conscientemente cada plato preparado.

Slow Food nace como un movimiento en Italia hacia el año de 1986 y a la fecha ha permeado varios países alrededor del mundo, liderado por personas que buscan una relación sana y consciente entre los alimentos, la tierra y el ser humano; comprendiendo la importancia de una nutrición equilibrada que nos mantenga en bienestar.

Y aunque este movimiento nació hace 34 años, hasta ahora estamos comprendiendo la relevancia de no solo comer bien, sino saber comer y la relación que tenemos con los alimentos; lo anterior a raíz del gran aumento de enfermedades causadas por el comer cualquier cosa, en cualquier condición y a una velocidad que no permite disfrutar los alimentos, resultado de un estilo de vida funcional donde no hay tiempo para sentir la comida en todas sus etapas.

En busca de esas actividades claves para nuestro bienestar, definitivamente la comida es un pilar de un estilo de vida saludable; y no tiene que ver con ser veganos, vegetarianos o fitness; puede ser un plato de arroz, con carne y tomate; el punto es como escogemos, preparamos y disfrutamos ese arroz, esa carne y ese tomate que podría llegar a ser más saludable que un batido verde.

¿Cómo implementar la comida lenta o slow food en nuestra cotidianidad?

Si es posible, cultivar nuestro propio alimento o en caso de que no, comprar las verduras, frutas y hortalizas en mercados locales, apoyando las buenas prácticas sustentables para cultivar y a los campesinos de la zona, buscando un poco ese kilómetro cero.

Cocinar cuando lo sintamos y no por obligación; la cocina debe ser un deleite que nos llene, desde escoger los ingredientes e implementos, hasta servir la mesa.

Quitarnos de la cabeza que la cocina es un oficio más de la casa.

Preparar nuestra cocina con todo lo necesario: ollas, sartenes, tablas, cubiertos, los ingredientes perfectamente seleccionados que vamos a utilizar en la preparación, una luz al punto que nos de relajación y el puesto de trabajo limpio.

Cocinar por instinto, dejarnos llevar por los colores, formas y aromas de los ingredientes; para descubrir nuevos platos.

Tomarse el tiempo conscientemente para la preparación y cocción de los alimentos, sin acelerar procesos.
Colocar toda nuestra atención a lo que estamos haciendo, eliminando distracciones tecnológicas.

Disfrutar y saborear los alimentos con una conversación agradable o en un estado meditativo sin afanes, cada ingrediente del plato merece su tiempo.

Alejar el celular y el televisor de nuestra mesa.

Por último, así como todo tiene un tiempo en nuestra agenda, comer debe tener no un espacio sino un tiempo que es sagrado en un acto que llamamos el buen comer.
El tiempo se ha convertido para muchos en un obstáculo; frases como “no tengo tiempo” “si el día tuviera más horas” son comentarios constantes donde priorizamos una cantidad de actividades, incluso de pensamientos que nos hace sentir que falta más tiempo para ser felices. Aquí debemos preguntarnos en qué estamos invirtiendo nuestro tiempo diario y que bienestar mental, emocional, espiritual y físico nos está trayendo lo que hemos denominado prioridad en el día a día.

La calidad de tiempo personal se compone de los momentos que compartimos con nosotros mismos, reconociendo lo que somos, siendo conscientes de nuestros pensamientos, sintiendo cada célula de nuestro cuerpo, equilibrando nuestras emociones, acercándonos a la espiritualidad que nos conecta con el propósito y el porqué estamos vivos, agradeciendo por cada situación que nos ha permitido crecer; es ese momento donde nos dedicamos a nosotros a través de actividades que nos interiorizan y que nos permiten colocar los pies en la tierra, organizar las ideas, reflexionar las acciones y tomar sabias decisiones.

Asumir que el tiempo personal no está compuesto de familia, pareja, ni amigos; solo está compuesto de la relación personal que entablamos con nosotros y las actividades que nos conectan, equilibran y relajan.

Para lograr comprender esta relación, debemos separar los momentos compartidos para saber cuánto tiempo es solo para nosotros, sin que gire alrededor de personas, cosas, trabajo y entretenimiento; esto se refiere desde todos los aspectos mentales, emocionales y físicos.

¿Cómo tener calidad de tiempo personal?

Definir un horario del día donde los aspectos mentales, emocionales, espirituales y físicos giren solo alrededor de uno mismo.

Planificar actividades diarias que nos acerquen al equilibrio personal.

Dividir los espacios que compartimos en familia, pareja y amigos de los espacios personales.

Identificar los lugares que nos conectan, que nos llevan a la reflexión, que nos dan calma y visitarlos cada vez que sintamos que no tenemos tiempo.

Comprender que los momentos de soledad son solo una oportunidad para estar con nosotros mismos y no el terror como lo han hecho creer en el pasado.

Buscar actividades que nos generen estabilidad y alegría sin necesidad que sean en pareja o en grupo; debemos ser un poco más individualistas o egoístas, el tiempo personal es el único momento donde conectamos con nuestro ser.

Las decisiones más trascendentales deben ser tomadas durante ese tiempo personal que hemos asignado.


Por último, debemos vencer ese temor a sentirnos, a escucharnos, a cuestionarnos; el mundo se compone de relaciones, pero la relación más importante es la que se tiene consigo mismo.

Ahora ¿Cómo estás cultivando tu relación personal?
SOLASTALGIA, una palabra que escuche de un amigo y que luego me habló del déficit de naturaleza; y pensaba cómo puede existir el déficit de naturaleza, eso es algo para mí inconcebible; pero luego entendí que muchos no tienen la oportunidad de despertar con el verde de las montañas a su alrededor y aunque no lo creamos, es una realidad la falta de conexión con la naturaleza. 

Pero qué significa solastalgia y cómo se articula con el trastorno de déficit de naturaleza al que hace alusión el escritor Richard Louv en su libro “Los últimos niños en el bosque”. 

La solastalgia se define como un trastorno de la ansiedad relacionado con el cambio climático y otros fenómenos naturales condicionados por nuestras manos, el cual se da en el momento presente y estando en el lugar afectado que lleva a un cuadro de nostalgia, resultado de lo que los ojos perciben como una destrucción de la naturaleza, El término fue creado en 2003 por Glenn Albrecht, profesor, ahora retirado, de sostenibilidad en la Universidad Murdoch (Australia). Y esta solastalgia se articula con el trastorno de déficit de la naturaleza del escritor Louv ya que debido a esa destrucción que hemos estado causando en la naturaleza, sumado a la globalización con su tecnología, vemos cada vez niños lejos de tener contacto con un árbol o un ambiente natural; el escritor asocia este trastorno al aumento de los casos de trastorno por déficit de atención, obesidad y depresión, entre otras afecciones que llevan a un desequilibrio de la vida e incluso a la infelicidad; todo lo contrario a un estado de bienestar pleno.

Así vemos como la naturaleza se convierte en el pilar más importante para el bienestar del ser humano y este bienestar depende de la relación que entretejamos con ella, hace 80 años atrás no tendríamos que hablar de déficit de naturaleza, cuando la relación con la misma era un acto tan natural, instintivo y básico, muchos comíamos tierra; pero pensar que hoy en día tengamos que re-enseñar a la humanidad a conectarse con lo instintivo, lo que nos proporciona la estabilidad y bienestar es algo que no debemos dejar avanzar más tiempo; urge volver a entrelazar esa conexión con la naturaleza y debemos enseñarles a las nuevas generaciones la importancia de una relación constante y sana con la misma para tener una calidad de vida, por esta razón no podemos dejar perder los saberes ancestrales de los territorios es allí en esos saberes donde está la clave de como conectarnos sabiamente con la tierra desde el equilibrio, la consciencia, el cuidado y la protección.

La tierra es un organismo vivo, no es un objeto, es un sujeto como los seres humanos y nuestra vivencia depende de ella, por eso debemos buscar formas equilibradas desde la sustentabilidad para relacionarnos y conectarnos con ella en armonía y bienestar; mis recomendaciones son:

Contempla la naturaleza como un ser vivo que merece respeto por sus procesos y todo lo que nos aporta.

Abre la puerta a tener plantas en casa y genera una relación diaria con ellas no sólo como un adorno, sino como una compañía y un ser que nos aporta su energía; recuerda que toda la naturaleza está interconectada.

Si tienes la posibilidad de estar cerca a árboles dedica tiempo a estar sentado bajo un árbol por 30 minutos, sin ninguna otra acción que solo estar y sentir ese momento.

En los días libres busca espacios naturales, sal de la ciudad, internate en un bosque o en una montaña, recórrela y siente su energía.

Date la oportunidad de tener una huerta de plantas aromáticas en casa; solo requieres materas y atención.

Sincronízate con la tierra y sus procesos, para esto vale la pena escuchar a nuestros ancestros y su relación con la tierra, ellos tienen la sabiduría de la relación equilibrada que debemos llevar.

Viajar una de las actividades que más disfrutamos, desde conocer lugares, probar nuevos alimentos, conocer personas y por supuesto tomar muchas fotos; los viajes se han convertido en un estilo de vida ya no solo viajamos por vacaciones, sino que viajamos como un estatus social y a la vez como parte de la globalización. Yo siempre digo que los viajes nos aportan felicidad y nuevas formas de ver la vida, pero ¿Que le queda a las comunidades y territorios donde viajamos?

Los viajes están ubicados dentro de una categoría económica llamada turismo y a los que hacen turismo “Aquellas actividades que las personas realizan mientras están de viaje en entornos donde no es habitual que se encuentren, cuyos fines son el ocio, los negocios u otros y duran períodos inferiores a un año” (OMT), se les conoce como turistas un término muy impopular en algunos países y que está llevando a los expertos del turismo a replantear el término incluso en algunos casos cambiarlo por viajeros.

Vemos como los turistas pueden llegar a impactar negativamente los territorios que visitan pensando que pueden hacer lo que quieran porque están pagando; gastan más agua, generan más basuras, contaminan la naturaleza, irrespetan cultura y tradiciones de las comunidades e incluso en algunos casos se convierten en desplazadores de los habitantes. Este impacto negativo ha creado un término conocido como Turismofobia, efecto producido en los habitantes de algunos destinos como Barcelona, Ámsterdam o Santorini.

Sabiendo lo que viene sucediendo con el turismo, es urgente que no solo los destinos y empresarios del sector turístico redireccionen sus esfuerzos a implementar verdaderas acciones enmarcadas en la sustentabilidad y actividades regenerativas para los territorios; sino que los turistas generen una consciencia alrededor de la forma como están viajando y su comportamiento en los lugares que visitan.

Es por eso que dentro de las 5 acciones de bienestar a colocar en práctica tenemos los viajes conscientes que propenden por el cuidado personal, el cuidado de la naturaleza, el cuidado de las comunidades, el cuidado de las tradiciones y el respeto por los territorios a través de un turismo donde nos convertimos en visitantes dejando un impacto positivo no solo desde lo económico.

Un viaje consciente se compone de:

Un propósito personal para viajar
Conocimiento de las tradiciones y costumbres del lugar a visitar
Información sobre aspectos ambientales y sus cuidados
Información sobre las comunidades que habitan
Prácticas sustentables del destino y los hoteles donde se va a alojar
Llevar en la maleta elementos que no generen contaminación
Consumir lo necesario sin medir por el precio pagado
La basura plástica que llega con nosotros se devuelve con nosotros
Respetar el estilo de vida de los habitantes del destino
Consumir local
No extraer elementos de flora y fauna
Realicemos una acción positiva por el destino y las comunidades
Acciones equilibradas que generen bienestar personal durante el viaje; entre recorridos, alimentación, horas de descanso y tiempo personal

Sigamos viajando, conociendo lugares, culturas, disfrutando y descansando, promoviendo la disminución de acciones que causan el deterioro del medio ambiente y que nos ha llevado al cambio climático; por otro lado, respetemos las culturas y las tradiciones comprendamos que en esos estilos de vida se encuentra la sabiduría de cada lugar.

El bienestar debe estar al alcance de todos, más que un lujo es un estilo de vida que previene las enfermedades, nos brinda calidad de vida, equilibrio personal y tranquilidad.

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Archivo/Publicaciones Centro de Experiencias y Sensaciones de Bien Estar, NEURO KINÉRGIA