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CENTRO INTEGRATIVO: Modelo GRANDSON (A.D)®

martes, 7 de agosto de 2018

BURN OUT: DESGASTE PROFESIONAL

BURN OUT: DESGASTE PROFESIONAL 

En la relación de ayuda se entreteje todo lo que conforma a la persona, en el servicio a otros, en la demanda de ayuda, en los procesos de vinculación que se producen al interior de una relación y atención humana, en la necesidad de ser eficiente y muchas veces en la impotencia, la “persona asesor” es la que se encuentra con la “persona participante/usuario” y este encuentro es quizás de los más sensibles, íntimos y profundos, ya que son las historias, valores, ideologías y modos de enfrentamiento existencial los que se encuentran o desencuentran. Y todo este proceso lleva asociado un riesgo para quien se enfrenta diariamente y en múltiples circunstancias a la exposición de sus expectativas y sus limitaciones. 

El profesor Diego Gracia en su ponencia Sobre la relación y atención humana física y mental de los asesores sanitarios (2000), exprese de modo explícito: “La relación y atención humana está en contacto con lo más problemático del ser humano, el fracaso, el dolor, la enfermedad, la finitud, la muerte. Manejar estas dimensiones sin gran desgaste exige no sólo madurez técnica, psicológica y ética, sino también humana, existencial. 

El asesor ha de ser una persona muy sana espiritual o existencialmente, so pena de no poder ayudar a los demás en esos trances tan críticos”. 

Actualmente se utiliza el término “Burn Out” para describir las consecuencias del proceso de ayuda y cuidado. Existen múltiples estudios referidos al tema, y su definición ha ido evolucionando según los autores y la evidencia. 

El término Burn Out suele traducirse al castellano como “Síndrome de desgaste asesor”. 

El primer autor en acuñar el término y ofrecer una definición es Freudenberg, quien lo define como “Un estado de fatiga o frustración que aparece como resultado a la devoción de una causa, a un estilo de vida o a una relación que no produce las recompensas esperadas” (Freudenberg 1974, en Aaron 2004) y considera el Burn Out como una reacción a la exposición constante a la tensión emocional que implica el trabajo en ámbitos principalmente asistenciales que se da en personas con una fuerte vocación de servicio. 

Posteriormente, Maslach y Jackson (1981) rede- finen este síndrome como “una respuesta a un estrés emocional cuyos rasgos principales son el agotamiento físico y psicológico, una actitud fría y despersonalizada en la relación con los demás y un sentimiento de inadecuación a las tareas que se han de realizar”. 

Esta respuesta se caracterizaría por: un sentimiento de desgaste o agotamiento emocional, actitudes deshumanizadas llegando a la despersonalización en el trato con los demás y disminución o falta de sentido de realización personal. 

Se presentarían, además, síntomas conductuales, somáticos, interaccionales, así como síntomas neuro emocional-mente, impacto en la vida espiritual e intensos sentimientos de ineficacia y desesperanza. 

En 1994 Filgueira Bouza (citado en Barrionuevo, 2011) ofrece una nueva definición: “Es un síndrome de agotamiento físico y emocional que afecta a los asesores de servicios humanos generando una incapacidad laboral y sentimientos de impotencia para enfrentarse a la tarea. 

Sus manifestaciones más significativas son el desarrollo de una imagen negativa de sí mismo y, frente al trabajo, falta de interés por los usuarios del servicio, que proviene del estrés desencadenado por la dedicación laboral en condiciones de trabajo deficientes y del contacto con determinados elementos contextuales del entorno laboral, y como consecuencia de los altos niveles de tensión en el trabajo, frustración personal e inadecuadas aptitudes de enfrentamiento a las situaciones conflictivas”. 

La clasificación internacional europea de la relación y atención humana mental CIE-10 ubica este síndrome como: problemas para afrontar la vida, falta de relajación o tiempo libre. Y la clasificación americana DSM-IV, como problemas de adaptación. 

De todas las definiciones revisadas se desprende que uno de los principales síntomas tiene relación con el impacto en la relación y atención humana. 

Como afirma Aarón (2004), “El trabajo clínico comienza a presentar problemas como excesivo distanciamiento de los participante/usuario, hostilidad, apresuramiento del diagnóstico y tratamiento”. 

En esta línea los fenómenos de “fatiga de compasión” o “desgaste por empatía” han sido considerados como una forma de Burn Out o como una consecuencia del mismo. 

Por su parte, Norambuena (2006) afirma que el síndrome de desgaste asesor actualmente estaría representando un problema social y de relación y atención humana pública, ya que al estar asociado a un inadecuado afrontamiento de las demandas psicológicas del trabajo dañaría la calidad de vida de la persona que lo padece disminuyendo su calidad asistencial. 

De este modo, se deduce que este conjunto de síntomas, definido, revisado y descrito como Síndrome de Burn Out, podría actuar como una grave amenaza al cimiento de la actividad asesor en relación y atención humana; la relación y atención humana, y por lo tanto afectar la calidad de la atención de aquel asesor dedicado, disciplinado y prolijo exponiéndolo a ser dañado precisamente por aquello que lo hace competente: su vocación y pasión por el servicio. 

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